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Escribo · Ideas desde la práctica

Sistemas de conocimiento personal

Allan Guerrero ·

El cerebro no está hecho para almacenar. Está hecho para planificar, conectar y organizar. Esa es la idea desde la que propongo tener un sistema externo de conocimiento personal: un Segundo Cerebro.

No se trata de empezar construyendo algo complicado. Se trata de tener la información a la mano y guardar lo que vas aprendiendo. No solo lo que ocurrió, sino la conclusión que te sirve para la próxima vez. ¿Por qué? Porque recordar un error o un resultado no es lo mismo que entender el proceso que te llevó hasta ahí.

Organizar antes de querer potenciar

Muchas veces dispersamos la información. Hay conversaciones en distintos chats, archivos en carpetas y cosas que solo tenemos en la cabeza. Pero tener conversaciones guardadas no significa que ya exista una organización que podamos potenciar.

En uno de mis videos lo planteo así: si solo tenemos chats con muchas conversaciones y ahí están las cosas, no tenemos nada que potenciar. Si todo depende de lo que llevamos en la cabeza, en cualquier momento se puede caer. La propuesta es dejar de ocuparla en almacenar datos y dedicarla a planificar, organizar y reconocer qué proyectos conectan entre sí.

Por eso, antes de pensar en inteligencia artificial o en hacer un sistema autónomo, hace falta una estructura. Si no hay organización ni orden, ¿qué vas a potenciar?

Yo quería hacer grandes sistemas que guardaran la información de forma autónoma. Sin embargo, la base seguía siendo hacer lo simple y tener todo a la mano. Si algo está mal, primero se corrige. La intención de automatizarlo no reemplaza ese trabajo.

Un sistema de conocimiento personal empieza ahí: en darle un lugar a la información y conservar lo aprendido. No en pedirle a una herramienta que resuelva una organización que todavía no hemos hecho.

Empezar con un lugar donde apuntar

Para comenzar puedes usar carpetas para los archivos multimedia y documentos para el texto. También hablo de las hojas de Excel como una forma de organizar información. La base que comparto es sencilla: tener lo que necesitas a la mano.

Pero incluso al hacer una hoja puedes quedarte detenido. Quieres que se vea bonita, que tenga todos los datos y que sirva para los procesos que vienen después. Al mismo tiempo, no sabes qué encabezados poner ni qué información vas a necesitar.

En el video pongo un ejemplo hipotético: vendes un lote y necesitas los datos del cliente para pedirle al abogado una escritura. Estás reuniendo información, pero todavía no sabes cómo organizarla para ese proceso. El ejemplo no es una venta que esté relatando; es una manera de explicar por qué importa saber para qué necesitas cada dato.

También puedes empezar con una nota en el teléfono. Anotas la fecha y dejas una pequeña conclusión. No necesitas esperar a tener ese gran sistema autónomo que imaginabas para empezar a guardar lo que ya aprendiste.

La nota tiene un propósito concreto: ayudarte a recordar una conclusión cuando vuelvas a necesitarla. No es volver a escribir todo lo que pasó. Es conservar aquello que entendiste después de intentarlo.

Guardar el aprendizaje de errores y aciertos

Si ayer cometiste un error, puedes escribir una pequeña nota. Esa nota no arregla lo que ya ocurrió. Te recuerda cuál fue el error y qué aprendiste de él dentro de un proceso.

Tal vez no sabías cómo agregar un cliente o cómo organizar sus datos en una hoja. Estuviste intentando resolverlo y te equivocaste varias veces. Después de todo ese esfuerzo, la pregunta que conviene responder es: ¿qué fue lo que aprendí?

Ahí está lo que merece quedar guardado. Un recordatorio de la conclusión, no la obligación de volver a recorrer cada equivocación para llegar otra vez al mismo punto.

Hay errores que seguimos recordando porque nos hicieron sentir incómodos. Volvemos a preguntarnos por qué actuamos así o por qué tomamos aquella decisión. En el video hablo de pasar de lamentarnos a entender lo ocurrido y sacar una conclusión. Esa conclusión es la que podemos llevar a la nota.

No se trata de negar que algo nos salió mal. Se trata de no quedarnos viviendo una y otra vez en ese momento. Recordar lo aprendido es distinto de repetir el remordimiento.

Pero el registro no debería quedarse solo en los errores. También necesitamos aprender de las cosas buenas que hacemos.

Cuando algo sale bien, podemos quedarnos con el resultado y olvidarnos del proceso. Si después queremos repetirlo, ¿qué vamos a seguir? Hace falta conservar lo que hicimos antes de llegar a ese resultado y la conclusión de lo que funcionó.

En la transcripción uso otro ejemplo cotidiano: aprender a cocinar arroz con pollo. No basta con recordar que a la familia le gustó. La nota también puede guardar lo aprendido durante el intento. Es un ejemplo de cómo registrar el camino, no solo el desenlace.

El progreso no ocurre de la noche a la mañana ni sigue siempre una línea recta. Hay subidas y bajadas. Guardar lo aprendido forma parte de seguir avanzando sin dejar cada conclusión únicamente en la memoria.

Qué puedes hacer esta semana

Empieza con un proceso que ya estés intentando ordenar. No necesitas abarcar todo a la vez. Puedes llevar a la práctica las ideas anteriores con una nota y la información de ese proceso:

  • Dale un lugar. Reúne los archivos en carpetas o la información escrita en un documento o una hoja, según lo que estés organizando.
  • Anota un error. Escribe qué ocurrió y, sobre todo, qué entendiste después. No te quedes solamente con que salió mal.
  • Anota también un acierto. Guarda qué hiciste para llegar al resultado que te gustaría repetir.
  • Deja la fecha y la conclusión. Conserva una nota que te permita recordar el aprendizaje sin reconstruir todo el recorrido.

El punto de partida no es tener un sistema que haga todo por ti. Es empezar a dejar fuera de tu cabeza aquello que necesitas conservar: información organizada y conclusiones de lo que vas viviendo y haciendo.

Si después quieres sistematizar un proceso, ya tendrás algo aprendido y escrito sobre lo cual trabajar. Primero el orden. Primero entender qué hiciste y qué aprendiste. Después, potenciarlo.

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