Escribo · Ideas desde la práctica
Herramientas como arsenal sistemático
Allan Guerrero ·
Antes de comprar otra herramienta, haz un listado de las que ya tienes. Parece algo básico, pero muchas veces tenemos el arsenal completo y no lo vemos porque nunca nos hemos detenido a ponerlo por escrito.
La pregunta no es solamente qué hace una aplicación nueva. Es qué hace que no puedas hacer con lo que ya tienes. Para responder necesitas conocer tus herramientas, recordar para qué sirven y relacionarlas con la tarea que quieres realizar. Por ahí empieza el orden: primero lo que necesitas hacer, después las herramientas que te permiten hacerlo.
Haz el listado pensando en tareas
No te quedes únicamente con las aplicaciones de la computadora. Incluye las herramientas físicas, las digitales y las que llevas en el teléfono. Computadora, teléfono, cámara, micrófono, trípode: todo eso forma parte del mismo listado cuando vas a preparar un trabajo.
En uno de mis videos puse el ejemplo de grabar contenido. Puedes llevar el micrófono y el trípode, sacar escenas de apoyo, utilizar las herramientas del teléfono o preparar capturas desde Google Maps. No se trata de usar todo porque lo tienes. Se trata de reconocer qué te permite hacer cada cosa y decidir cómo vas a realizar el trabajo.
Un listado de nombres se queda corto si después no recuerdas para qué sirve cada herramienta. Al lado del nombre, apunta qué tarea puedes resolver con ella. Esa relación es la que te permite pasar de tener cosas a preparar un plan con lo que tienes a la mano.
¿Por qué hacerlo antes de comprar? Porque puedes terminar buscando una herramienta nueva para una tarea que ya resolvía una de las anteriores. No necesariamente te falta algo: puede ser que no estés prestando atención o que hayas olvidado una función.
Tampoco se trata de rechazar toda herramienta nueva. Hay que mantener el balance: distinguir entre algo que te permite hacer una tarea nueva y algo que estás comprando porque no recordabas lo que ya tenías. El listado sirve para hacer esa comparación antes de tomar la decisión, no después.
Mira tu teléfono como herramienta, no solo como distracción
El teléfono también necesita entrar en ese inventario. No solo por la cámara ni por las redes sociales. En él puedes tener edición de imágenes, edición de video y herramientas para investigar. Conocer esas posibilidades importa más, para este propósito, que quedarse únicamente con sus características de memoria o capacidad.
En un video conté que había pasado años editando imágenes en el teléfono. La razón era práctica: lo llevaba en el bolsillo. Si me pedían algo o se me ocurría una idea, podía trabajar en ella sin esperar a tener la computadora enfrente.
También expliqué por qué prefería la computadora para otras tareas: la pantalla más grande, las ventanas y el trabajo con videos largos. En ese caso, editar desde la computadora me facilitaba el proceso. No hay que convertir esa diferencia en una competencia donde uno de los dispositivos tenga que servir para todo.
Lo importante es saber qué puedes hacer con cada uno. Si llevas un control de inventario en Excel y haces un seguimiento manual, eso no está mal por ser manual. La pregunta es si estás cumpliendo con lo que necesitas hacer y si conoces las herramientas que utilizas.
Y acá hay un cuidado que no conviene olvidar: el mismo teléfono que te permite trabajar también te puede distraer. Las redes sociales pueden ser herramientas de comunicación o un distractor. Tenerlas instaladas no define el uso; necesitas prestar atención a lo que estás haciendo con ellas.
Aprende a usar lo que tienes y mejora el trabajo desde el principio
Conocer una herramienta no es solamente saber que existe. Para entender un editor necesitas empezar a utilizar sus funciones: recortar una imagen, quitar un fondo, agregar texto o preparar una pieza en el formato que vas a publicar. La experiencia aparece mientras haces el trabajo.
En uno de mis videos mencioné Canva y CapCut al hablar de imágenes y videos. Pero la idea no era dar un nombre para que todo quedara resuelto. Era explicar que, conforme usas las herramientas, empiezas a reconocer cómo preparar mejor lo que después vas a editar.
A mí me pasó con los videos. Conté que dedicaba tiempo a preparar lo que iba a decir y después volvía a pasar tiempo editando los pedazos donde me había equivocado. También expliqué que eso me había llevado a dejar de grabar durante un tiempo: me resultaba pesado repetir todo ese trabajo.
La salida que estaba buscando no era solamente editar más. Era ordenar mejor las ideas antes de grabar y equivocarme menos durante la toma. Lo mismo ocurre con las fotos: si sabes que vas a publicar en horizontal, vertical o cuadrado, puedes pensar en ese formato desde que haces la imagen, en lugar de intentar arreglarlo después.
Ese aprendizaje también te permite recordar una plantilla o una función que ya utilizaste. Puedes darte cuenta de que una toma de lado te complicó la edición y preparar mejor la siguiente. La herramienta sigue siendo parte del proceso, pero también cambia la forma en que haces el trabajo antes de abrirla.
En el negocio ocurre algo parecido con la comunicación. En el video sobre herramientas digitales hablé de preparar las imágenes, tener el material listo para compartir, organizar las respuestas y recordar quién es cada cliente. No basta con hacer una publicación: también necesitas pensar cómo vas a atender a quien te escriba.
Por eso el arsenal no es una colección de aplicaciones separadas. Conviene mirarlo junto con el trabajo que quieres completar: preparar el contenido, publicarlo y atender la conversación que llegue. La elección de herramientas tiene que acompañar ese recorrido.
Qué puedes hacer esta semana
Empieza por una tarea concreta que quieras realizar. Si vas a grabar un video, usa ese trabajo para revisar lo que ya tienes, en lugar de buscar aplicaciones sin saber todavía qué necesitas resolver.
Haz el listado de herramientas físicas y digitales. Revisa tanto la computadora como el teléfono. Escribe junto a cada una qué parte de la tarea te permite hacer: grabar, preparar imágenes, editar o compartir el material.
Después utiliza esas herramientas y presta atención a dónde te cuesta avanzar. Si pasas tiempo arreglando una toma, revisa cómo la hiciste. Si recuerdas una plantilla que ya te sirvió, considera si puedes volver a utilizarla. La experiencia de ese trabajo te ayuda a preparar mejor el siguiente.
Antes de comprar algo más, vuelve al listado. Pregúntate: ¿esto me permite hacer algo que todavía no puedo hacer, o ya tengo una forma de resolverlo y no la estaba viendo?
No necesitas empezar por tener más. Necesitas empezar por conocer lo que tienes y ponerlo al servicio de la tarea.